12_encuentro_feminista

Documento elaborado por la Comisión de Metodología y Temática con aportes de otras feministas de la región. El texto se basa en reflexiones de Ana Cristina González y Cecilia Olea recogiendo lecturas y aportes de feministas de la región. 


AUTONOMÍA

Introducción

Si la intención del 12 Encuentro es hacer un balance o revisión  de treinta  años de feminismo en la región para mirar hacia delante, desatar y desnudar nos deberían ayudar a definir cuáles son los nudos, ropajes, ataduras y asuntos que han estado o están en debate sobre la autonomía entre las feministas. Y reanudar nos debería ayudar a  pensar hacia adelante. Pretendemos desatar los nudos que hemos ido amarrando y volver a abrir discusiones sobre la autonomía: dónde están los debates, nuevos o viejos; cuáles son sus matices, sus nuevas dimensiones, qué es lo esencial que nos va a ayudar a mantener este debate político entre las feministas.

Estos verbos son una apuesta-propuesta para echar una mirada al camino recorrido…

Desatar y desnudar la autonomía: “en vez de…”

Existen distintas dimensiones de la autonomía, como nudo del feminismo, o distintos ámbitos desde los cuales ésta se puede pensar. Para desatar y desnudar hay que pensar en la autonomía como principio, aspiración o valor político y también hay que pensarla en relación con algo: ser autónomas de qué, con respecto a qué o “en vez de qué...”. O sea un valor o principio político que opera en muchos niveles en relación “con”. 

La autonomía alude a la autodeterminación. A partir de la autonomía, las feministas comienzan a “concebirse como sujetos sociales que, cuestionando las diferentes formas asumidas por su subordinación, aspiran a su propia identidad, a controlar y tener poder sobre sus vidas, sus circunstancias, así como a no ser definidas por otros tanto a nivel personal como político” (Olea y Vargas). La autodeterminación supone que las mujeres tengan condiciones para construir criterios, evaluar riesgos, elegir, es decir, para tomar decisiones y poder llevarlas a cabo.

Quizás la expresión “en vez de” nos ayude a definir la autonomía en su dimensión relacional y a desnudar y desatar los hilos de ese nudo que es la autonomía:

1. 
Autonomía de los partidos políticos y del Estado. Presupone desnudar y desatar aspectos que fueron importantes en los 70 y 80 y que han resurgido en muchos espacios: un espacio autónomo dentro de los partidos; autonomía de los partidos y del Estado porque la interacción con ellos es la reproducción y el fortalecimiento de una lógica y un espacio patriarcal; doble militancia –activismo en el partido y en el feminismo. Reanudar: autonomía del movimiento en su interacción e incidencia con los partidos políticos, el Estado, los movimientos sociales no feministas.

2.
 
Autonomía del feminismo “dominante” blanco y heterosexual, no indígena, no afrodescendiente. Nos obliga a desatar y a desnudar los nudos y tensiones creados a partir de la existencia de espacios autónomos según identidades al interior del feminismo. Entre los nudos que se plantean a este nivel podríamos preguntarnos: ¿Hay una excesiva atomización del sujeto político del feminism, para reafirmar la autonomía, y hay fragilidad o fracturas del movimiento feminista por este motivo?; ¿Cómo se ha dado la inclusión de las indígenas, las afrodescendientes, las jóvenes, etc.? ¿Cuál ha sido el rol de las agencias de cooperación en esta presión? La necesidad de visibilizar y afirmarse como sujeto político a través de organizaciones específicas desigualdades/injusticias sociales, económicas, laborales culturales, étnicas que colocan a “las otras” como dominantes, blancas, urbanas. Reanudar: pensarnos a partir de las intersecciones del feminismo, mirada transversal. En el tema de las cuotas es importante afirmar que si bien el feminismo ha sido un movimiento incluyente por excelencia y que ha abierto espacios para estas múltiples expresiones identitarias, las agencias del sistema  Naxciones Unidas y otros donantes vienen presionando para que se amplíe la participación de algunos grupos que ellos consideran prioritarios, sin generar en sus propias estructuras cambios que también favorezcan la participación de tales grupos.

3. 
Autonomía de la institucionalidad… Nos obliga a desatar/desnudar: la presencia creciente de las ONG de mujeres y feministas, versus aquellas que, sin estar totalmente por fuera de estas formas organizativas, se autodenominan autónomas del financiamiento, de la institución, de las instancias internacionales de Naciones Unidas. A la vez que la institucionalización permitió hacer denuncias de manera sistemática, producir conocimiento, ampliar el movimiento, negociar en el espacio de las políticas, ¿impulsar? proceso judiciales, difundir información, generó turbulencias por la captación/incorporación de temas/problemáticas/demandas de la agenda, por la injerencia de la cooperación en la agenda, por la tensión que generan las dinámicas excluyentes de la productividad de los proyectos versus la construcción de movimientos. A lo largo de las décadas, este debate ha sumado elementos: la participación en espacios de Naciones Unidas y el hecho de que se hayan desdibujado espacios movilizadores de propuestas contraculturales y contra-patriarcales y la pérdida de autonomía, la excesiva interacción con el Estado y las concesiones derivadas de ésta, etc. Uno de los nudos que nos plantea esta discusión y que es necesario desnudar, es ¿qué es la institucionalidad? ¿Son del mismo orden y plantean los mismos problemas todas las instituciones? ¿Son iguales el Estado, la universidad, las organizaciones internacionales, las ONG? ¿Lo importante es la institución a la que pertenecemos o la forma en que nos relacionamos con ésta? ¿Qué posibilidades de transformación hay desde las instituciones o por fuera de ellas? En cuanto a las tensiones que nos plantea la participación de mujeres feministas en espacios como las agencias del sistema de Naciones Unidas y otros similares, es importante que pensemos si espacios como los encuentros feministas pueden ser espacios de encuentro entre “nosotras todas” para discutir y pensar estratégicamente una agenda común. Finalmente, en este nivel se plantean discusiones sobre nuestra autonomía como movimiento versus la injerencia de la cooperación en distintos niveles: autonomía del dinero para poder emprender procesos autogestionados, autonomía en la agenda (¿estamos favoreciendo sólo los temas que tienen recursos?), la forma como buscamos el dinero: ¿Quiénes poseen información y cuáles son los mecanismos de difusión de dicha información dentro del movimiento? ¿Dónde se busca, a quiénes se solicita, se negocia con el Estado? ¿Qué hacer para “reanudarnos”?

4. 
Autonomía del patriarcado o transformación cultural. Qué desnudar/desatar: ¿Cómo escapar a formas de relaciones de poder que reproducen estructuras patriarcales? ¿Cómo evitar el uso abusivo y autoritario del poder? ¿Cómo evitar la política de lo posible y construir política desde lo deseable, un mundo alternativo? Nudos: esencialismo, aislamiento, iniciativas de poca envergadura al no ser asumidas desde el Estado, negación del poder de las conquistas de derechos, de leyes.

5. 
Autonomía del pensamiento.  ¿Cómo se construye el conocimiento? ¿De dónde nos nutrimos como región y como feministas para discutir? ¿Cómo nos pensamos frente a los debates del colonialismo?

6. 
Autonomía de la autonomía. Más allá de los niveles en los que se plantea la disputa entre autonomía “y” o autonomía en “vez de”, el feminismo tiene que reivindicar la búsqueda de la autonomía como un valor político. Autonomía corporal* (para vivir sin violencia, vivir con absoluta libertad la sexualidad, preservar la integridad física), autonomía en la toma de decisiones (para llegar a las instancias de poder y transformar desde el poder ese poder) y autonomía económica (para recibir igual remuneración por igual trabajo, para reducir el tiempo de trabajo total, para romper la división sexual del trabajo productivo/reproductivo y todas sus consecuencias). Todos estos “para” nos plantean nudos del feminismo en el debate, en las estrategias. ¿De la autonomía defensiva a la propositiva? Reanudar: Autonomías propositivas que en estos contextos de globalización, tomando en cuenta el efecto mariposa, consideren los aspectos relacionales y los nudos que generan las acciones políticas feministas.

Todas estas disputas, estos desnudos, nos han traído otros nudos:

-El debate que se plantea desde la negación y descalificación del otro: a veces con violencia e incapacidad del diálogo para tramitar las diferencias.

-
Plantear el debate o la tensión entre “reforzar” las instituciones patriarcales, cuando participamos de ellas, como la universidad, el Estado, etc. y producir cambios en su interior.

No se pueden comparar la institucionalidad con el clasismo y el racismo, el etnocentrismo y la homofobia como si estar en una institución significara traicionar las convicciones, o como si “en vez de”. Al respecto, algunas preguntas serían: ¿Hasta qué punto una institución es un escenario propicio para las transformaciones que buscamos las feministas? ¿Cuáles son los límites de las instituciones y cuáles sus ventajas?

¿El concepto de autonomía satisface nuestros debates? ¿Podríamos o deberíamos explorar otras categorías como la emancipación, la autodeterminación o la libertad o aluden éstas a dimensiones distintas? ¿Es un concepto liberal? ¿Se ha recreado? ¿Cómo? ¿Será tiempo para reanudar?


 * Los conceptos de autonomía física, en la toma de decisiones y políticas, son tomados del Observatorio para la Igualdad de Género de América Latina y el Caribe, División de Asuntos de Género, CEPAL. El concepto de autonomía física acá se reemplaza por autonomía corporal.



 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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